MÁS SOBRE LAS CLASES

Conciencia Corporal

Hay una correlación directa entre la experiencia, las emociones y el tono muscular: sacamos el pecho de alegría o lo hundimos de tristeza, temblamos de miedo o nos tensamos de ira...

Cuando la mente está intranquila, generalmente imprime un tono inapropiado y, si las tensiones se mantienen constantes en el tiempo, impulsan una cadena de eventos fisiológicos, que reducen la resistencia general del organismo, sus mecanismos de defensa, y la eficiencia de su funcionamiento.


En la práctica no estamos trabajando el cuerpo o la mente, sino, nuestro "organismo", nuestra estructura compleja y, a través de prestarle atención, buscamos desarrollar una “conciencia refinada”, una comprensión más profunda de nosotros mismos, de manera íntegra.

Respiración Funcional

La respiración constituye un puente entre el cuerpo físico interno y el externo, puesto que expresa el estado de nuestra mente y el de nuestras emociones. Así, nuestro patrón respiratorio difiere si estamos asustados, deteniéndose; si estamos tristes, volviéndose más lento; si estamos coléricos, agitándose...

Esta conexión es la clave de la práctica de regulación respiratoria o pranayama como preparación para la meditación: aquietando la respiración es posible aquietar la mente.

Durante la práctica no sólo intentamos sincronizar el movimiento con la respiración para gestionar la energía, sino que la respiración se vuelva cada vez más honda y completa, desbloqueando su inhibición por tensiones musculares. La liberación de estas tensiones amplía la experiencia a toda la gama de emociones y abre la puerta a una vivencia más plena de la personalidad.

Atención Plena

“El Yoga es el aquietamiento de la mente” (YSP, I 2), pero no se trata de controlar o prohibir los pensamientos, sino de habilitar la posibilidad de encontrarse con la verdadera necesidad de descansar.

A su vez, el descanso requiere no solo soltar el esfuerzo, relajarse, sino permitir un verdadero cambio de condición para llegar a regenerarse.


La calma es un estado en el que simplemente estamos ahí para nosotros, sintiendo y acogiendo, con humildad y respeto, lo que llega momento a momento; honrando nuestra naturaleza sagrada con la atención interna. De esta manera, podemos cultivar una relación más compasiva con nosotros y con los demás.